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Calibración del desempeño: los problemas que no ves (hasta que usas analítica).

mar 16

4 min de lectura



persona sosteniendo bola de cristal

Hace un par de años tenía una gran insatisfacción con lo que hacíamos en Openagora, sentía que las soluciones que dábamos a nuestros clientes no tenían impacto... incluso me preguntaba si yo pagaría por el servicio que entregábamos... mi respuesta, muchas veces, era que no.


Hoy, todo esto ha cambiado, me siento orgulloso de lo que hacemos, puesto que vemos que efectivamente podemos impactar en los resultados de nuestros clientes. ¿Qué cambió? Para decirlo en simple, el proponernos que la gestión del talento aporte valor en las empresas y que no sea solo la digitalización de un proceso. Pero, ¿cómo podíamos lograrlo? Nuestra respuesta: haciendo que en los procesos de gestión del talento las Decisiones fuera Objetivas, Óptimas y Rentables (DOOR).


Tomemos el caso de las evaluaciones del desempeño, donde el desafío, tomando la idea de DOOR, es tomar Decisiones Objetivas. Aquí identificamos dos tipos de empresas que nos deberían preocupar: las que no calibran sus evaluaciones de desempeño, y las que calibrar mediante una reunión con gerentes, pero sin tener criterios que hagan objetivas sus decisiones.


El primer problema: No calibrar


Las empresas que no tienen un proceso de calibración están asumiendo que cada líder evalúa bajo los mismos estándares, con el mismo rigor, sin sesgos. Ese supuesto es, casi con certeza, falso.


Sin calibración, dos personas con el mismo desempeño pueden recibir evaluaciones radicalmente diferentes, dependiendo únicamente de quién las evalúa.


La calibración existe precisamente para que los resultados sean comparables, justos y coherentes. Las empresas que no calibran estan corriendo el riesgo de generar un sistema que produce injusticia y que, en el tiempo, se irá invalidando. Ahora, estas empresas tienen un punto a favor, saben que no están calibrando y pueden reconocer con facilidad el problema que tienen... es el segundo caso el más complejo de resolver, las empresas que calibran, pero que no tienen una metodología que mejore la objetividad de sus decisiones.


El segundo problema: calibrar a ciegas


Supongamos que sí calibras. Que reunes a los líderes, revisan los resultados, discuten diferentes casos y llegan a acuerdos. Eso es mucho mejor que nada. Pero tiene una trampa invisible.


Cuando el proceso de calibración se basa solo en una discusión, sin criterios claros para la toma de decisión, el proceso puede reproducir exactamente los sesgos que pretende corregir. El líder más persuasivo defiende mejor a su equipo. La gerencia más visible recibe más escrutinio. Los grupos menos representados quedan fuera del radar.


Este es el desafío que abordamos hace ya algunos años y la respuesta ha sido implementar herramientas de analítica para objetivar estas decisiones.


¿Qué significa calibrar con analítica?


Dejemos algo muy claro desde el principio, calibrar con analítica no es reemplazar el juicio humano. Es informarlo. Significa introducir criterios claros que le digan al comité de calibración dónde mirar, antes de que la discusión comience.


Por lo tanto, la analítica no decide si existe una inconsistencia. No puede hacerlo. Pero sí puede señalar con precisión dónde buscar. Esa distinción es fundamental, transformando la calibración en un proceso estructurado y replicable.


¿Cómo se hace? Un proceso en cuatro pasos


La calibración con analítica sigue una lógica clara: partir de lo general hacia lo particular. Primero buscamos patrones a nivel de grupos; recién al final llegamos a evaluaciones individuales.


Antes de comenzar debemos entender que el objetivo de una calibración del desempeño con analítica no es "ajustar puntajes", sino que es detectar posibles inconsistencias o sesgos. Ese encuadre cambia todo. En lugar de buscar quién merece más o menos, buscamos anomalías estadísticas que justifiquen una revisión más profunda.


Paso 1 — Analiza los grupos, no las personas

Antes de revisar evaluaciones individuales, pregúntate: ¿hay grupos que estén sistemáticamente mejor o peor evaluados que otros? Compara, por ejemplo, gerencias, subgerencias, familias de cargo, género. Si no hay diferencias significativas, bien. Si las hay, ahí está tu primera señal.


Paso 2 — Profundiza en los grupos con diferencias

Si, por ejemplo, una gerencia aparece consistentemente mejor evaluada, no asumas que simplemente tiene mejor desempeño. Investiga: ¿hay un subgrupo específico (una familia de cargo, un equipo) que explique ese resultado? ¿Qué evaluadores están detrás? ¿Hay evaluaciones puntuales que estén inflando el promedio? Cada hallazgo genera la siguiente pregunta.


Paso 3 — Revisa a los evaluadores

Que no haya diferencias entre grupos no significa que el trabajo terminó. Dentro de un mismo grupo, distintos evaluadores pueden tener criterios radicalmente distintos. Analizar la consistencia entre evaluadores es el siguiente nivel de profundidad.


Paso 4 — Recién entonces, evalúa casos específicos

Solo después de haber recorrido los niveles anteriores, el análisis de evaluaciones individuales potencialmente inconsistentes tiene contexto suficiente para ser interpretado correctamente. Sin ese contexto, cualquier revisión individual es arbitraria.


Conclusión


La calibración del desempeño es una instancia de alta consecuencia: afecta bonos, promociones, planes de desarrollo y, en última instancia, la credibilidad del sistema de gestión de talento en su conjunto.


No calibrar es un error que la mayoría de las organizaciones ya reconoce. Pero calibrar sin analítica es un error más sutil —y por eso, más peligroso. Genera la sensación de rigor sin garantizarlo.


La analítica no hace el juicio por ti. No puede determinar si una diferencia entre grupos refleja mérito real o sesgo acumulado. Pero sí puede darte algo que ninguna discusión puede ofrecer por sí sola: un mapa de dónde buscar.


Pasar de "calibramos porque nos parece importante" a "calibramos con criterios estadísticos claros" no es solo un cambio metodológico. Es un cambio de cultura. Y esa cultura, en organizaciones que compiten por talento, hace toda la diferencia.


Estamos conversando!!

mar 16

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